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miércoles, 24 de agosto de 2011

Cautive con su discurso (expansión.com)

Durante las vacaciones se ha dado cuenta que posee el don de la palabra. Conversaciones más distendidas en entornos más agradables suelen facilitarle la comunicación, pero ¿por qué no puede mantener esa seguridad en una presentación en público? Aprender a convivir con el miedo, tener siempre presente el objetivo de su presentación y buscar la sintonía con el público son algunas de las pautas que debe seguir si quiere convertirse en un buen orador.
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Mantener la confianza cuando cientos de miradas están clavadas en usted y todo un anfiteatro espera expectante sus palabras no es sencillo. Juana Erice, experta en comunicación, presenta en el libro Alíate con el miedo las claves para realizar una comunicación eficaz. Como el propio título indica, convertir al miedo en su mejor amigo será la ficha clave en el camino del éxito. Es inevitable que el desconcierto y el pavor le invadan cuando se presenta ante usted una situación que no puede controlar al cien por cien. Lo que si se encuentra en su mano es huir de él o, por el contrario, afrontarlo y aprender a manejarlo a su favor. Pero conseguir que el pánico no le paralice ante la multitud es una carrera de fondo que irá mejorando con la práctica y con el cambio de algunos hábitos.
Todos podemos convertirnos en grandes oradores. Aunque no se considere una persona carismática, con un discurso arrollador, recuerde que el ser humano es un animal social y comunicar viene implícito en su naturaleza. Todos poseemos esta capacidad y hacerlo eficazmente sólo depende de cada uno.
El primer paso, cómo señala, Erice, es identificar que le sucede: ¿Tiene miedo escénico o su problema radica en que es incapaz de construir un discurso ameno? Son diversas las dificultades que se deben afrontar. Saber exactamente cuál le afecta, desde cuándo y por qué, le permitirá comenzar a cambiar su actitud y adoptar nuevas medidas.
Una vez descubierto el problema, debe tener siempre presente que es capaz de hacerlo. Llénese de confianza y sienta seguridad. Recuerde: su única barrera es usted mismo. Visualizar las situaciones a las que va a tener que hacer frente le puede ser muy útil. Por ejemplo, la mayoría de los deportistas de alta competición se imaginan ganando la carrera. El mayor beneficio de esta forma de actuación es que le permitirá anticiparse. Al tener la idea preconcebida podrá actuar con antelación y vislumbrar posibles problemas que puedan surgir, lo que le aportará una mayor seguridad.
La importancia del contenido
El mensaje que quiere transmitir suele suponer otro quebradero de cabeza. En su mente las ideas están ordenadas y suenan perfectamente, pero en cuanto salen por su boca pierden cualquier atisbo de sentido. No se preocupe, tiene solución. L o que hay que tener en cuenta es que su mensaje sea sencillo, directo y emocionante.
1)Sencillo: No se pierda explicando detalles superfluos. Utilice frases cortas compuestas por sujeto, verbo y predicado.
2)Directo: Tenga siempre presente el objetivo que quiere alcanzar con lo que está transmitiendo. En Alíate con el miedo ofrecen una fórmula: La pauta del 3 ,que le puede ser de ayuda para mantener el hilo de su discurso. Se basa en centrarse en desarrollar tres únicos puntos a lo largo de su intervención. El cerebro humano está acostumbrado a procesar información en forma de tres, por ejemplo, un cuento se divide en inicio, nudo y desenlace. Además no olvide que el exceso de información tan sólo provocará confusión.
3)Emocionante: Se está dirigiendo a personas, téngalo presente. Por lo tanto, conecte con ellos por aquello que les une: la emoción. “Las razones analizan, las emociones deciden” recuerda Erice. Para conseguirlo debe aprender a transmitir en su mensaje ilusión, desconcierto ante alguna duda que le plantee al público o enfado en aquellas ideas que no le gusten.
Más allá de las palabras
No todo en el mensaje son las palabras, ¿cuántas veces se ha quedado prendado de un discurso que no le aporta nada nuevo pero era incapaz de apartar su mirada de aquél fantástico orador? El modo en que empiece y finalice el mensaje, y su lenguaje corporal son armas que le servirán para atrapar al público.
El primer minuto y medio de su intervención es clave. Es el que le abrirá la puerta a sus oyentes, que están esperando un gancho que les saque de sus propios pensamientos. Hágalo de la forma que le sea más cómodo y le aporte una mayor seguridad. Puede plantearles una cuestión que les haga meditar o, explicar cómo va a desarrollar su presentación para crear expectación. Cada público y tema a tratar será diferente, así que utilice el sentido común, observe a las personas a las que se dirige y adaptase a ellos. De esta manera conseguirá que se remuevan en su butaca con el inicio de su discurso.
Al igual que el comienzo, el final de las intervenciones también juega un papel clave. Los últimos minutos serán los que hagan que su mensaje se recuerde. Por ello, debe aprovecharlos para fijar sus ideas principales y llevar a la reflexión al público.
La forma en la que se mueva en el escenario, los gestos que acompañen sus palabras y la manera de utilizar los silencios son esenciales para mantener la atención de los asistentes. Ante todo recuerde ser natural, no se fuerce a realizar gestos que no esté acostumbrado. Es recomendable moverse a lo largo del escenario, pero de sin ser excesivos ya que eso centrará la atención en sus pasos y no en sus palabras. Algunos gestos que desde las páginas de Alíate con el miedo recomiendan son: llevarse la mano al corazón para hablar de aquello en lo que cree o levantar el índice hacía atrás cuando hable del pasado… Los silencios, por su parte, permiten que el oyente sepa que lo que acaba de decir tiene tanta importancia que usted le ha dejado unos segundos para que lo asimile y corrobore si está de acuerdo o no. Por lo tanto, úselos cuando quiera recalcar una idea y que ésta tome forma en la mente de su público.
Ya ve, está en su mano conseguir atrapar con su discurso. No olvide que tanto cuando charla con sus amigos en una terraza con el mar de fondo como cuando se dirige a un auditorio lleno de directivos, el dueño de sus palabras es sólo usted.
Libro
Título: Alíate con el miedo
Autor: Juana Erice
Editorial: Empresa Activa

jueves, 11 de agosto de 2011

Estrés laboral

Nervios, sudoración, palpitaciones, vista cansada, dolor de cabeza,…, quién so ha sufrido alguna vez estos síntomas. Pertenecen, entre otros muchos, al trastorno por estrés.
Sin duda, el estrés laboral ha llegado a convertirse en una de las enfermedades que más nos afectan durante el siglo XXI. La insatisfacción con el puesto que desempeñamos, el sueldo o las tareas a realizar, junto con la falta de comunicación entre compañeros y otros inconvenientes físicos del entorno laboral son caldo de cultivo para una patología, el estrés, que puede llegar a disminuir el rendimiento y la motivación, y puede ser el origen de accidentes de trabajo.
Sentirse 'estresado' parece algo muy común hoy en día. Se escucha a menudo en cualquier conversación, pero no conviene tomarlo a la ligera. El estrés aparece como consecuencia de una demanda de recursos superior a los disponibles, como respuesta inicial del cuerpo en caso de conflictos.
El estrés no debe entenderse sólo como un problema personal, sino como riesgo para la salud y bienestar que repercute en la vida social y familiar así como en la productividad laboral.
Por lo general, el estrés se manifiesta a través de unos síntomas físicos (cansancio y sensación de agotamiento permanente, insomnio, falta de concentración, irritabilidad, mal humor, baja autoestima, nerviosismo), y variaciones en el comportamiento (explosiones emocionales, desequilibrios alimenticios, conductas compulsivas, incapacidad para tomar decisiones). Además, tiene repercusión directa sobre el trabajo: absentismo, relaciones laborales pobres, alta tasa de cambio de trabajo, mala organización, falta de satisfacción en el desempeño del empleo y mala productividad.
Hay toda una colección de humor en relación al estrés laboral, os dejo un video como muestra.
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